Daenerys || GoT

Daenerys

Reblog || El lápiz mágico

Reblog de Combustiones Espontáneas.

“Asintió con la cabeza gacha al oír las palabras de la profesora y clavó la mirada en la mesa. Los demás leían sus trabajos corregidos en un silencio que parecía acusarle; él se pellizcaba los dedos y los entrelazaba sin parar, sintiendo que tenía que hacer algo para disimular que, de nuevo, no había entregado los deberes.

«Quiero que hablemos después de clase, Sam», le había dicho la seño. Le iba a caer una regañina, lo sabía. Ella era muy buena con todos, pero también justa, y no lo dejaría pasar otra vez.

Se mordió el labio para no llorar. Encima, sus padres también le castigarían si se enteraban. Esperaba que la seño no les mandara una nota a casa, ni hablara con ellos. Aquella posibilidad era lo que más miedo le daba.

La clase terminó más rápido de lo que le habría gustado y, apenas sonó el timbre, los niños empezaron a levantarse para ir al recreo. Salieron corriendo del aula con sus bocadillos y balones de fútbol; dejaron a Sam a solas, sin querer moverse aún de su mesa y esperando que la seño se hubiese olvidado de él. Pero la señorita Virginia se acercó para sentarse a su lado sin decir nada, esperando a que él levantara la cabeza. Y Sam decidió que tenía que ser valiente.

—Siento no haber hecho los deberes. —A pesar de su momentánea determinación, la voz le tembló un poco—. Es que…

Pero no supo qué más decir. Al levantar la mirada vio que ella negaba despacio con la cabeza y, aunque parecía seria, hubo un deje de amabilidad en su tono al hablar.

—Me sentí un poco triste cuando no vi tu redacción entre las demás, Sam. Y el martes me habría encantado leer tu cuento, pero tampoco lo encontré. ¿Sabes…? —Hizo una breve pausa durante la cual, le miró por encima de sus gafas—. Ninguno de los chicos tiene tanta imaginación; tus historias siempre son especiales. Pero esto tiene que ser un secreto entre tú y yo.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la mujer y contagió a los de Sam. Después de todo, no parecía enfadada…

—Tengo que saber por qué no haces la tarea. Es importante que trabajes en casa pero tú ya lo sabes, ¿verdad? Siempre te ha gustado aprender.

El niño dudó antes de hablar. La seño era muy buena, pero le parecía algo así como una traición hablar de sus padres con ella. En sus oídos resonaron las discusiones que tenían cada tarde, cuando papá y mamá se gritaban cosas horribles, daban portazos y luego ya no se hablaban si no era para volver a pelear. Eso, los días buenos. En los malos, Sam deseaba irse de casa y se preguntaba si le echarían de menos en caso de hacerlo. A lo mejor, entre tantas discusiones, ni se daban cuenta de que él ya no estaba allí.

—¿Va todo bien? —preguntó la seño en tono suave.

Él contuvo el nudo en la garganta al tiempo que encogía los hombros.

—Es que no puedo hacer los deberes cuando se gritan —dijo al final. Bajó de nuevo la mirada—. Lo intento pero no me concentro. Y se gritan todos los días; antes, no tanto, pero ahora…

Se detuvo cuando sintió que iba a empezar a sollozar. «¡Deja de llorar!», le gritaba su padre cuando le veía así, y entonces mamá se ponía de parte de Sam y la discusión volvía a empezar.

Pasaron unos segundos en silencio. El niño suspiró cuando remitieron las ganas de llorar y volvió a mirar a la seño, que parecía consternada.

—Podrías… Podrías venir a la biblioteca por las tardes a hacer los deberes. ¿Te darían permiso tus padres si yo te supervisara?

Sam no lo sabía.

—Pero es que… Es que ya no soy capaz de escribir cuentos como antes, ni de hacer redacciones. Apenas se me ocurren cosas y, cuando pienso en algo, no sé cómo empezar. Papá dice que escribir historias no sirve de nada, que me ponga a estudiar, mejor. Y a mí me gustaba, pero ya no porque no me sale nada. —Sam fue bajando el tono a medida que hablaba hasta terminar en un murmullo.

La seño Virginia pareció pensar por un momento en algo, antes de levantarse e ir hacia su mesa. La vio sacar un lápiz de colores que le tendió al volver. Sam lo cogió con extrañeza.

—Es un lápiz mágico, Sam. Cuando escribes con él, la creatividad se desborda. Serás capaz de crear todo lo que te propongas. —Le puso una mano en el hombro para darle un cariñoso apretón.

El niño apretó los labios, dubitativo. ¿Capaz de todo, él? ¿Con sólo un lápiz?

—Y si eso es verdad, ¿qué haré cuando se termine? Ya nunca podría volver a escribir igual —dijo con desazón.

—Estoy segura de que sí. —La seño le sonrió con ternura—. Porque lo más importante es que tú ya eres capaz de crear algo así. Tienes un gran talento, Sam, todo lo que necesitas es seguir aprendiendo y practicar. Estudiar es importante, por supuesto, pero no dejes de hacer lo que más te gusta.

Él asintió. Miró el lápiz entre sus dedos; parecía muy normal, en realidad.

—¿Por qué es mágico, entonces?

Virginia sonrió y sus ojos se llenaron de arruguitas tras los cristales manchados.

—Porque lo manejas tú.

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Relato escrito para la segunda escena del taller de Literautas. El requisito esta vez era que se titulara “El lápiz mágico” y, como siempre, el límite de 750 palabras.

A propósito de eso, decir que esta es la primera versión que escribí. Cuando me di cuenta, me había plantado en casi 900 palabras y tuve que recortar por todos lados, de manera que lo que envié al taller no me terminó de convencer. Preferí traer al blog la versión completa; ¡espero que os guste!”

#BEYOURSELF

¿Por qué no empezamos a ver lo bueno de nuestros complejos en vez de tratar de ignorarlos con nuestras virtudes? Este es un error muy común, lo admitamos o no; queremos aceptarnos como somos, pero aceptar algo no es ignorarlo, es quererlo.

 

019

#BEYOURSELF es un proyecto personal que tiene como propósito llegar al mayor número de personas posible y tratar de concienciarlas de que los defectos son bonitos. La importancia de esta iniciativa es el mensaje, es una llamada de atención a la gente que cada vez se deja cegar más por las modas y por lo que creen bonito. Hay que ir como uno quiera y como se sienta más cómodo, y aceptar que los demás tienen que hacer lo mismo.

020

¿Utópico? Si, pero una persona que aprecio mucho me dijo un día que cuanto más alta es la meta que nos ponemos, más alto podemos llegar. Si esa persona está leyendo eso, espero que se dé por aludida.

Por suerte, en estos últimos tiempos hay muchas más personas que se preocupan por tratar de hacernos ver que lo natural es bonito y que nos queramos a nosotros mismos, pero lo que ocasiona esta situación de desprecio a nosotros mismos sigue tan fuerte como lo era antes: falsos estereotipos, medios de comunicación, la ideología de nuestro entorno, el bullying… Y por desgracia es algo que es mucho más difícil de cambiar; al fin y al cabo el único cambio que está en nuestras manos es el de nosotros mismos.

Con #BEYOURSELF pretendo hacer ver los complejos de forma divertida y positiva, como algo bueno y único, mostrar que solo es una característica más de nosotros, y por supuesto, sin denigrar a otros por ello. Personalmente, me parece mal defender a las mujeres con curvas (topicazo actual) y dejar a las delgadas como algo antinatural y repulsivo. Vale, no está bien pasar hambre y vivir mal para estar en los huesos, ¿pero acaso las mujeres de constitución delgada merecen ser llamadas “mujeres de mentira”? Cada uno es como es, y creo que aún queda mucho para que aprendamos a querernos sin hacer sentir menos a otros… porque eso es  lo que hacen los matones en el colegio, para sentirse bien, hacen sentirse inferiores a otros. Me parece inmaduro.

Es por todo esto que hice una serie de ilustraciones, aportando a la causa con lo que mejor se me da. Espero que muchos se sientan identificados y sois libres de compartir las imágenes sin alterarlas; eso sí, agradecería que quien las comparta utilice el hashtag #BEYOURSELF

¡Gracias por leer y por compartir!