Estilo manga en occidente

El estilo del manga es bastante conocido, creo que puedo decir que no existen personas que puedan leer esto y no conozcan Dragon Ball, Doraemon o, del que ahora ni se oooooye hablar, Pokémon…

Es un estilo bastante reconocido pero creo que muy infravalorado, al menos aquí en occidente. Personalmente, no comprendo porqué una persona que tiene estilo realista o semirrealista “tiene más talento” que alguien que dibuja con una estilo manga. Tal vez haya muchos que sí lo valoran, pero me refiero más a un ámbito profesional. Creo que los que dibujan manga lo tienen más complicado para que una compañía les contrate o valore sus trabajos, a no ser que busquen ese estilo de forma puntual.

Puede ser un estilo sencillo o muy complejo y hay artistas verdaderamente buenos, con trabajos que te dejan boquiabierto por la cantidad de detalles que tienen.

Hay una en particular, Shilin, que hace trabajos increíbles. Su estilo tiene un toque muy personal y ha evolucionado del manga.

Admiro mucho la cantidad de detalles que tienen sus trabajos y la calidad; cuida la paleta de color, la composición, las diferentes texturas, la perspectiva, etc…

Hay personas que por dibujar este estilo se sienten menos y llegan incluso a dejar de practicarlo, a pesar de que lo disfrutan. Yo creo que cualquier estilo puede llegar a ser muy bueno y que hay que preocuparse por “pertenecer a un estilo”, sino dibujar como te sientas más cómodo y evolucionar a algo más personal, que es lo que le pasó a Shilin y muchos más 🙂

Ilustrar sin límites

¿Qué piensas cuando te nombran “Ilustración”?

De forma equivocada, muchos lo relacionan directamente al dibujo. Ilustración es dibujo, pero también es fotografía, collages, colores, materiales, sensaciones y mensajes. Por supuesto que saber dibujar es una ventaja a la hora de ilustrar, manejas una de las posibles formas de ilustrar, pero no lo es todo.

Normalmente, hoy día, podemos encontrar miles y miles de videos en la red de ilustradores llamados “Speed Painting”. Es lo más común porque muestran el desarrollo de un dibujo de horas en unos minutos, aunque también se pueden encontrar otros a tiempo real. El caso es que muy pocos he encontrado, personalmente, que muestren algo más que un dibujo y  creo que esto contribuye a la confusión general.

No estamos limitados al ilustrar, no tienes que pasarte horas trazando bocetos para una pose que no consigues, no tienes que pretender saber reflejar todo tipo de texturas con un pincel o un lápiz, no tienes que saber dibujar TODO para poder ilustrar. Puedes hacer fotografía y dibujar encima, o utilizarla para una textura, incluso como base. Eso no es “hacer trampa”, no cualquiera puede hacerlo y tener un buen resultado.

Hay un artista al que admiro mucho y que quería compartir porque muestra diferentes formas de llegar a hacer una ilustración digital. Sí, él sabe dibujar, pero utiliza diferentes técnicas para llegar a un resultado. Él crea una composición, su propia paleta de color, busca materiales en los que basarse, etc.

Se llama “RossDraws” y tiene un canal de youtube increíble, además de otras redes sociales. Para mi es una gran fuente de inspiración, tanto por sus trabajos como por la simpatía que desprende; te deja embobado viendo videos y videos uno tras otro y aprendes mucho de él.

¡Espero que os motive verle tanto como a mi y que probéis nuevas formas al ilustrar!

Reblog || El lápiz mágico

Reblog de Combustiones Espontáneas.

“Asintió con la cabeza gacha al oír las palabras de la profesora y clavó la mirada en la mesa. Los demás leían sus trabajos corregidos en un silencio que parecía acusarle; él se pellizcaba los dedos y los entrelazaba sin parar, sintiendo que tenía que hacer algo para disimular que, de nuevo, no había entregado los deberes.

«Quiero que hablemos después de clase, Sam», le había dicho la seño. Le iba a caer una regañina, lo sabía. Ella era muy buena con todos, pero también justa, y no lo dejaría pasar otra vez.

Se mordió el labio para no llorar. Encima, sus padres también le castigarían si se enteraban. Esperaba que la seño no les mandara una nota a casa, ni hablara con ellos. Aquella posibilidad era lo que más miedo le daba.

La clase terminó más rápido de lo que le habría gustado y, apenas sonó el timbre, los niños empezaron a levantarse para ir al recreo. Salieron corriendo del aula con sus bocadillos y balones de fútbol; dejaron a Sam a solas, sin querer moverse aún de su mesa y esperando que la seño se hubiese olvidado de él. Pero la señorita Virginia se acercó para sentarse a su lado sin decir nada, esperando a que él levantara la cabeza. Y Sam decidió que tenía que ser valiente.

—Siento no haber hecho los deberes. —A pesar de su momentánea determinación, la voz le tembló un poco—. Es que…

Pero no supo qué más decir. Al levantar la mirada vio que ella negaba despacio con la cabeza y, aunque parecía seria, hubo un deje de amabilidad en su tono al hablar.

—Me sentí un poco triste cuando no vi tu redacción entre las demás, Sam. Y el martes me habría encantado leer tu cuento, pero tampoco lo encontré. ¿Sabes…? —Hizo una breve pausa durante la cual, le miró por encima de sus gafas—. Ninguno de los chicos tiene tanta imaginación; tus historias siempre son especiales. Pero esto tiene que ser un secreto entre tú y yo.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la mujer y contagió a los de Sam. Después de todo, no parecía enfadada…

—Tengo que saber por qué no haces la tarea. Es importante que trabajes en casa pero tú ya lo sabes, ¿verdad? Siempre te ha gustado aprender.

El niño dudó antes de hablar. La seño era muy buena, pero le parecía algo así como una traición hablar de sus padres con ella. En sus oídos resonaron las discusiones que tenían cada tarde, cuando papá y mamá se gritaban cosas horribles, daban portazos y luego ya no se hablaban si no era para volver a pelear. Eso, los días buenos. En los malos, Sam deseaba irse de casa y se preguntaba si le echarían de menos en caso de hacerlo. A lo mejor, entre tantas discusiones, ni se daban cuenta de que él ya no estaba allí.

—¿Va todo bien? —preguntó la seño en tono suave.

Él contuvo el nudo en la garganta al tiempo que encogía los hombros.

—Es que no puedo hacer los deberes cuando se gritan —dijo al final. Bajó de nuevo la mirada—. Lo intento pero no me concentro. Y se gritan todos los días; antes, no tanto, pero ahora…

Se detuvo cuando sintió que iba a empezar a sollozar. «¡Deja de llorar!», le gritaba su padre cuando le veía así, y entonces mamá se ponía de parte de Sam y la discusión volvía a empezar.

Pasaron unos segundos en silencio. El niño suspiró cuando remitieron las ganas de llorar y volvió a mirar a la seño, que parecía consternada.

—Podrías… Podrías venir a la biblioteca por las tardes a hacer los deberes. ¿Te darían permiso tus padres si yo te supervisara?

Sam no lo sabía.

—Pero es que… Es que ya no soy capaz de escribir cuentos como antes, ni de hacer redacciones. Apenas se me ocurren cosas y, cuando pienso en algo, no sé cómo empezar. Papá dice que escribir historias no sirve de nada, que me ponga a estudiar, mejor. Y a mí me gustaba, pero ya no porque no me sale nada. —Sam fue bajando el tono a medida que hablaba hasta terminar en un murmullo.

La seño Virginia pareció pensar por un momento en algo, antes de levantarse e ir hacia su mesa. La vio sacar un lápiz de colores que le tendió al volver. Sam lo cogió con extrañeza.

—Es un lápiz mágico, Sam. Cuando escribes con él, la creatividad se desborda. Serás capaz de crear todo lo que te propongas. —Le puso una mano en el hombro para darle un cariñoso apretón.

El niño apretó los labios, dubitativo. ¿Capaz de todo, él? ¿Con sólo un lápiz?

—Y si eso es verdad, ¿qué haré cuando se termine? Ya nunca podría volver a escribir igual —dijo con desazón.

—Estoy segura de que sí. —La seño le sonrió con ternura—. Porque lo más importante es que tú ya eres capaz de crear algo así. Tienes un gran talento, Sam, todo lo que necesitas es seguir aprendiendo y practicar. Estudiar es importante, por supuesto, pero no dejes de hacer lo que más te gusta.

Él asintió. Miró el lápiz entre sus dedos; parecía muy normal, en realidad.

—¿Por qué es mágico, entonces?

Virginia sonrió y sus ojos se llenaron de arruguitas tras los cristales manchados.

—Porque lo manejas tú.

________________________________________________________________________________

Relato escrito para la segunda escena del taller de Literautas. El requisito esta vez era que se titulara “El lápiz mágico” y, como siempre, el límite de 750 palabras.

A propósito de eso, decir que esta es la primera versión que escribí. Cuando me di cuenta, me había plantado en casi 900 palabras y tuve que recortar por todos lados, de manera que lo que envié al taller no me terminó de convencer. Preferí traer al blog la versión completa; ¡espero que os guste!”